miércoles, 17 de agosto de 2016

VIENA. El corazón de Austria

Conocida como la metrópoli del Danubio y al pie de las primeras estribaciones de los Alpes, Viena se define como una de las capitales de Europa.

En dos días, evidentemente, es imposible conocer toda la oferta que ofrece la capital austriaca, pero merece la pena dejar constancia de la experiencia por una capital que a nadie deja indiferente.

Noria Gigante del Prater, el primer parque de atracciones del mundo.

Nuestra primera parada fue el Palacio Imperial Hofburg. Sede de los gobiernos austriacos, fue el hogar de alguno de los Habsburgo más poderos de Europa, así como de emperadores austrohúngaros. En su interior, alberga un museo, los apartamentos imperiales, el museo de Sisi emperatriz y una colección de objetos pertenecientes a gobernantes imperiales. Saliendo por sus jardines traseros, podemos disfrutar de la sublime Biblioteca Nacional, y un poco más lejos, el museo de Historia Natural, y su gemelo, el de Historia del Arte.

Patio interior del Palacio Hofburg
Fachada del Palacio Hofburg
Biblioteca Nacional
Puerta del castillo de Viena con los museos gemelos al fondo
El centro de la ciudad se sitúa alrededor de la zona del Ringstrasse donde se concentran los edificios más atractivos de la ciudad, entre ellos; la Opera de Viena, el Museo de Historia Natural, la Bolsa de Viena y el Ayuntamiento, además de una gran variedad de edificios de diversos estilos arquitectónicos. Continuando por la calle Graben, encontramos el elíseo para los amantes de las compras,  tiendas elegantes comparten acera con tiendas de souvenirs y restaurantes para todos los presupuestos.

Calle Graben con la columna Pestsäule, dedicada a la Santísima Trinidad

Catedral de St. Stephan, iglesia principal
de la archidiócesis de Viena y sede
de su arzobispo.
Paseando por sus amplias calles centrales peatonales, uno se cruza fácilmente con looks de lo mas bohemios y pieles exclusivas a partes iguales. Casi sin darnos cuenta, nos encontramos cara a cara la Catedral de San Esteban, en medio de un caos de viandantesConvertida en catedral en el lugar emplazado anteriormente por una pequeña parroquia, fue destruida completamente en la segunda guerra mundial. Lo que se aprecia hoy es su reconstrucción. Merece la pena la subida a la torre desde donde se puede contemplar una panorámica de 360º de la ciudad.

Las ventanas de la torre ofrecen una perspectiva diferente de las pintorescas gárgolas que defienden la cubierta.

Vistas del palacio de Belvedere desde el extremo de la torre de la Catedral

Desde la catedral y sin salirnos del centro perimetrado por la Ringstrase, nos acercamos a un punto donde se concentran varios de los edificios mas prestigiosos de Viena. Como puestos de acuerdo para menospreciar al viandante con sus dimensiones desproporcionadas, disfrutamos de la exhibición arquitectónica del Parlamento, el Teatro Nacional Burgtheatre y el Ayuntamiento con su solemne plaza, disfrazada durante nuestra visita de "fan zone". Todos los seguidores del fútbol encontraban allí su lugar de encuentro para disfrutar de la Eurocopa disputada en fechas de nuestra visita. Decenas de pantallas gigantes y una gran oferta de puestos de comida y bebida para todos los estilos, ambientaban una plaza que no necesita de nadie para brillar con luz propia.

Ayuntamiento de Viena, de estilo neogótico.
El segundo día nos acercamos al Prater, el primer parque de atracciones que abrió sus puertas en el mundo. Desde su inauguración en 1897, su Noria Gigante es uno de los emblemas de la ciudad. En el Prater, en el centro de la ciudad, la diversión, las emociones, el deporte, la gastronomía y el ocio tienen cabida en un entorno de nostalgia y atracciones antiguas bien conservadas, de entre las cuales, la antigua noria es la estrella.
Carrusel de cadenas en el Prater
La guinda de nuestro paso por la ciudad, y principal motivo de nuestra visita, fue el concierto del cantante y guitarrista de Pink Floyd, David Gilmour. En un escenario idílico, con el Palacio de Schönbrunn como telón de fondo, pudimos disfrutar de un espectacular concierto en el principal punto de interés turístico de la ciudad, algo difícil de olvidar.

David Gilmour sonando en el Palacio de Schömbrunn
Entonando los grandes clásicos de una de las bandas más influyentes de la historia de la música, pusimos punto y final a nuestro paso por Viena, ensamblando un nuevo capítulo en nuestro cuaderno de viaje. Y de vida.


Auf wiedersehen!




Texto: Enrique de Paz

Fotografía: Silvia Blanco

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